El investigador principal de CENAMAD explicó que, tras precipitaciones continuas, los terrenos pueden generar escorrentía con mayor rapidez ante nuevas lluvias. Además, llamó a fortalecer la información hidrológica e incorporar las características naturales del territorio en la planificación urbana.

Los recientes temporales que han afectado al país volvieron a evidenciar la importancia de contar con información científica y una adecuada planificación territorial para reducir los riesgos asociados a inundaciones, aluviones y movimientos de sedimentos.
Así lo planteó Roberto Pizarro, investigador principal del área de Sustentabilidad y Productividad Forestal de CENAMAD, doctor en Hidrología y académico de las universidades de Talca y de Chile, durante una entrevista con Andrea Obaid en el programa Tu Nuevo ADN.
En la conversación, el especialista analizó el comportamiento de los ríos y los suelos frente a episodios de precipitaciones intensas. Según explicó, los efectos de estos eventos no dependen únicamente de la cantidad de agua caída, sino también de la humedad acumulada en los terrenos, las características de cada cuenca y las decisiones adoptadas respecto del uso del suelo.
Pizarro recordó que el país ha enfrentado anteriormente fenómenos de gran magnitud, mencionando episodios ocurridos en 1984, 1987, 1997, 2015 y 2023. A su juicio, esta recurrencia demuestra la necesidad de conservar la memoria histórica e incorporar las experiencias anteriores en la prevención de riesgos y la planificación de las ciudades.
Un territorio con respuestas hidrológicas diversas
Durante la entrevista, el investigador destacó la singularidad de la geografía chilena, caracterizada por una estrecha franja de territorio que desciende abruptamente desde la cordillera de los Andes hasta el océano Pacífico.
A esta condición se suma la diversidad climática del país, que comprende desde el norte hiperárido y la zona central semiárida hasta los territorios húmedos del sur y el clima semiárido frío de la Patagonia. Estas diferencias determinan que las cuencas no respondan de la misma manera ante las precipitaciones.
Por esta razón, Pizarro advirtió que los promedios nacionales pueden resultar insuficientes para comprender el comportamiento hidrológico de cada territorio. La intensidad de las lluvias, la pendiente, la vegetación, las características del suelo y la forma en que se ocupan las cuencas pueden producir efectos diferentes frente a un mismo evento meteorológico.
El especialista también identificó la falta de datos locales como una de las principales limitaciones para anticipar estos fenómenos y desarrollar políticas públicas adecuadas. Contar con mediciones continuas permitiría conocer con mayor precisión el comportamiento de los ríos y los suelos, construir modelos y entregar mejores antecedentes a quienes toman decisiones.
“Tomar datos, tomar datos, tomar datos”, enfatizó Pizarro al referirse a las prioridades que, a su juicio, deberían orientar la investigación y la gestión del agua en Chile.
Suelos saturados y generación de escorrentía
Uno de los conceptos abordados por el investigador fue el umbral crítico de escorrentía, que corresponde a la cantidad de precipitación necesaria para que el agua comience a desplazarse sobre la superficie cuando el terreno ya no puede continuar absorbiéndola.
Pizarro explicó que este umbral es variable y depende, entre otros factores, de la humedad previa del suelo, su composición y profundidad, la presencia de vegetación y la intensidad de las precipitaciones. Un terreno inicialmente seco puede retener parte del agua caída, pero su capacidad de absorción disminuye a medida que se satura.
En esas condiciones, nuevas precipitaciones pueden generar escorrentía con mayor rapidez. El agua se desplaza desde las laderas hacia quebradas, esteros y ríos, movilizando suelo y otros materiales, lo que incrementa el transporte de sedimentos y puede favorecer inundaciones, erosión de riberas y procesos de remoción en masa.
El investigador advirtió, además, que los cauces y quebradas que permanecen secos durante periodos prolongados pueden activarse rápidamente frente a lluvias intensas. Durante una crecida, el caudal no está compuesto únicamente por agua, sino también por los sedimentos y materiales que son arrastrados desde la cuenca.
Este proceso explica el color café que adquieren numerosos ríos y cursos de agua durante los temporales. También demuestra por qué los nuevos sistemas frontales no deben analizarse de manera aislada, sino considerando las precipitaciones acumuladas y las condiciones previas del terreno.
La planificación territorial como herramienta preventiva
Aunque reconoció la influencia del cambio climático en la ocurrencia e intensidad de los eventos extremos, el investigador sostuvo que sus consecuencias no pueden atribuirse exclusivamente a este fenómeno.
La construcción en humedales, dunas, laderas y zonas históricamente expuestas a inundaciones puede incrementar la vulnerabilidad de las personas y de la infraestructura. Por esta razón, planteó que las características naturales del territorio deben ser consideradas antes de aprobar nuevas edificaciones o intervenciones urbanas.
“La naturaleza cada cierto tiempo nos recuerda que es la dueña del territorio”, señaló.
Desde esta perspectiva, los temporales no deben analizarse únicamente como fenómenos meteorológicos. Sus efectos también dependen de cómo se ocupan las cuencas, dónde se construye y qué medidas preventivas se adoptan antes de que ocurra una emergencia.
Para Pizarro, la planificación territorial debe apoyarse en información hidrológica local y en el conocimiento acumulado sobre los eventos ocurridos en décadas anteriores. Esto permitiría identificar áreas expuestas, anticipar escenarios y reducir los riesgos para las comunidades.
Precipitaciones y disponibilidad de agua
El investigador también abordó los efectos favorables de las precipitaciones después de un prolongado periodo de sequía. Las lluvias pueden contribuir a la recuperación de los caudales y embalses, además de favorecer la infiltración de agua hacia las napas subterráneas y los acuíferos.
Sin embargo, advirtió que la recuperación temporal de un río o una reserva no significa necesariamente que los problemas estructurales de disponibilidad hídrica estén resueltos. La presión sobre el recurso, las características de cada cuenca y las decisiones adoptadas respecto de su gestión continuarán siendo determinantes.
Las reflexiones planteadas por Roberto Pizarro se relacionan directamente con la Hoja de Ruta CENAMAD 2023-2031. Dentro de su eje de Sustentabilidad y Productividad Forestal, el Centro contempla evaluar el efecto de las masas forestales sobre la producción de agua y la emisión de sedimentos en cuencas de la zona centro-sur de Chile, validar herramientas hidrológicas y transferir conocimiento hacia actores de los sectores público y privado.
Fortalecer la generación de datos, el estudio de las cuencas y la vinculación entre investigación y políticas públicas resulta fundamental para anticipar los riesgos y avanzar hacia una gestión más sustentable de los territorios y sus recursos hídricos.