Un estudio con participación de CENAMAD evaluó compuestos basados en micelio elaborados a partir de cáscara de avellana europea y aserrín de pino radiata. Los resultados muestran diferencias en desempeño según la formulación, con mejores propiedades mecánicas en la mezcla que incorpora ambos residuos y biodegradación completa estimada en menos de un año bajo condiciones controladas.

En la búsqueda de materiales más sostenibles para la construcción, la valorización de residuos agroforestales ha abierto nuevas líneas de investigación orientadas al desarrollo de biomateriales. En este escenario, los compuestos basados en micelio han despertado interés por su capacidad de integrar subproductos lignocelulósicos mediante procesos biológicos y generar materiales con propiedades físicas y mecánicas medibles.
Un estudio reciente titulado “Development and Evaluation of Mycelium-Based Composites from Agroforestry Residues: A Sustainable Approach to the Design of Innovative Building Materials”, desarrollado por la investigadora de CENAMAD, Consuelo Fritz, el investigador Juan Francisco Olivera, el ingeniero forestal Víctor Garrido-Manque y la académica Rosemarie Garay, evaluó este tipo de compuestos utilizando cáscara de avellana europea y aserrín de pino radiata, aglutinados por el crecimiento natural de micelio del género Ganoderma. La investigación analizó propiedades físicas, mecánicas y de biodegradabilidad de los materiales obtenidos.
Subproductos agroforestales como base para nuevos biomateriales
El trabajo se centró en dos residuos disponibles en Chile: cáscara de avellana europea, proveniente de la agroindustria, y aserrín de pino radiata, generado por la industria forestal. A partir de una primera etapa de evaluación del crecimiento del micelio sobre distintas mezclas, los investigadores seleccionaron dos formulaciones para fabricar los compuestos: una con 100% cáscara de avellana y otra compuesta por 75% cáscara de avellana y 25% aserrín de pino radiata.
Según el estudio, el crecimiento del micelio fue más rápido en los sustratos con mayor proporción de cáscara de avellana. A partir de estas formulaciones, se obtuvieron biobloques moldeados que luego fueron evaluados en términos de densidad, contracción, absorción de agua, hidrofobicidad superficial, biodegradabilidad, resistencia a la flexión, rigidez y adhesión interna.
Diferencias de desempeño según la composición del sustrato
Uno de los resultados más relevantes del trabajo es que la formulación compuesta por 75% cáscara de avellana y 25% aserrín de pino radiata mostró un mejor desempeño mecánico que la elaborada únicamente con cáscara de avellana. Antes de la exposición a condiciones climáticas controladas, esta mezcla presentó mayores valores de módulo de ruptura, módulo de elasticidad y adhesión interna.
En términos físicos, ambos materiales mostraron superficies hidrofóbicas tras el secado. La formulación con 100% cáscara de avellana presentó menor absorción de agua durante la inmersión, mientras que la mezcla con aserrín exhibió una mayor contracción durante el secado. Estos resultados muestran que la composición del sustrato influye de manera directa en el equilibrio entre estabilidad física, absorción de agua y desempeño mecánico.
Respuesta frente a humedad, temperatura y degradación en suelo
El estudio también evaluó cómo se comportan estos compuestos frente a condiciones ambientales severas, específicamente 35 °C y 95% de humedad relativa durante 14 días. Tras esa exposición, ambas formulaciones mostraron cambios en sus propiedades mecánicas, aunque la mezcla con aserrín mantuvo un desempeño más estable que la elaborada solo con cáscara de avellana.
En paralelo, la investigación analizó la biodegradabilidad de los materiales mediante ensayos en suelo. Los resultados muestran que, bajo condiciones controladas, ambos compuestos son biodegradables. La formulación con 75% cáscara de avellana y 25% aserrín presentó una degradación más rápida que la de 100% cáscara de avellana, con un tiempo total estimado de degradación de 294 días, frente a 349 días en la otra formulación.
Potencial y límites para aplicaciones no estructurales
Aunque el estudio enmarca estos desarrollos dentro de la investigación en materiales innovadores para la construcción, los autores precisan que su análisis se orienta a aplicaciones no estructurales y de uso interior protegido, como paneles de aislación, elementos decorativos, molduras u otras piezas arquitectónicas interiores.
En esa línea, el trabajo aporta evidencia sobre cómo la combinación de micelio y residuos agroforestales puede dar origen a biomateriales con propiedades ajustables según la formulación utilizada. Al mismo tiempo, señala la necesidad de seguir investigando aspectos como resistencia al fuego, comportamiento térmico, absorción acústica y desempeño bajo condiciones de uso más exigentes.
Valorización de residuos para el desarrollo de bioproductos
Más allá de sus resultados específicos, la investigación contribuye a una línea de trabajo relevante para CENAMAD: el desarrollo de bioproductos a partir de subproductos forestales y agroindustriales. En este caso, el estudio muestra que residuos como la cáscara de avellana y el aserrín de pino radiata pueden integrarse en biomateriales biodegradables con propiedades medibles y potencial en aplicaciones no estructurales vinculadas a la construcción.